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Reseña: Diálogos en tiempos de crisis

    El primero de junio el Instituto CRUX publicó digitalmente el libro Diálogos en tiempos de crisis: Reflexiones a partir de la pandemia. Este material tiene como propósito ofrecer diversas reflexiones para estimular la fe y la confianza en aquel que ha vencido al mundo, el Señor Jesucristo (Jn 16:33). Le invitamos a descargar el libro en el siguiente enlace: https://www.institutocrux.org/dcrisislibro/

    William Ochoa, escritor en el blog del Instituto, ha escrito una reseña en su blog del libro antes mencionado (https://williamosite.wordpress.com/2020/06/01/dialogos-en-tiempos-de-crisis/), la cual compartimos a continuación textualmente.

    William Ochoa, 1/6/2020

    Descargué el libro Diálogos en tiempos de crisis: Reflexiones a partir de la pandemia hace un par de horas y leí la introducción para posteriormente guardarlo entre mis archivos y regresar a este en otro momento. Sucede que no pude dejar de leerlo hasta que lo terminé, y heme aquí escribiendo una pequeña nota para animar a otros a leerlo.

    El libro es una pequeña semilla de excelente calidad que sin duda producirá fruto al ciento por uno. Desde la calidad filosófica y patrística de Gonzalo Chamorro, pasando por la buena y acertada exégesis de Amir y Nelson Morales, llegando a los esfuerzos apologéticos de Mario Salvatierra y Walfre García, hasta la admirable reflexión escatológica de Josué Estrada y de don David Suazo, y culminando con un intenso sabor pedagógico de la Lcda. Carolina de Chamorro.

    Una de las cosas que más aplaudo de este esfuerzo es el excelente trabajo de los editores generales por lograr resaltar una sola línea de pensamiento en medio de tanto experto y erudito. Eso no es posible a menos que exista un ferviente deseo por glorificar a Cristo y honestidad académica. Elementos que sin duda residen en la mente y corazón de Gonzalo y Josué.

    El mensaje subyacente en cada capítulo sobre la esperanza y la fe que solo el cristianismo puede brindar a nuestro contexto, es sin duda el argumento más fuerte de esta obra (o al menos esto es lo que yo como lector —hasta descuidado— pude percibir).

    Incluso cuando Gonzalo aborda el problema del sufrimiento en el capítulo segundo sus conclusiones tienen color esperanza. Él escribe en la página 29 citando a Utley: «Teológicamente no es fácil saber la razón de los sufrimientos en este mundo. Podrían ser —repito— un castigo por algún pecado o rebelión personal, el resultado de vivir en un mundo caído (el mal estadístico) o una oportunidad para el crecimiento personal. Lo que sí puedo concluir con certeza es que las calamidades no vienen solo sobre los más pecadores, sino que caen sobre todos». Comentario que resalta la soberanía y providencia del Dios en el que ponemos nuestra fe.

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    De la misma manera esta obra lanza golpes certeros que a algunos de nosotros (yo el primero) nos tiran a la lona para pensar dos veces si nos levantamos a seguir discutiendo. El mismo Gonzalo culmina su argumentación en la página 30: «… los tiempos difíciles no son una señal de la ira de Dios, sino un llamado a dejar nuestra soberbia y una invitación a acercarnos a él, porque él se acercará a nosotros (Stg 4:8)». También Josué nos exhorta en la página 99 a que «en este tiempo de “silencio” eclesial (fuera de los templos y sin servicios) tenemos que aprender a callarnos ante el Señor (Hab 2:20; Zac 2:13), a estar quietos y reconocer que Dios es Dios (Sal 46:10) y a guardar silencio ante el Señor y esperar en él con paciencia (Sal 37:7)».[1]

    Sin embargo, esta obra no solo nos regaña (acertadamente) sino también nos invita a poner en práctica las virtudes cristianas por excelencia. Como cuando David López escribe en la página 91: «He escuchado la siguiente frase: “Dios, provee a aquellos que no tienen que comer”. Tal vez sea momento de pedir de manera distinta: “Dios, ayúdanos a proveer a aquellos que no tienen que comer”».[2]

    He de confesar que lo único que no me gustó del libro es el poco espacio que se le dio a don David Suazo para desarrollar su argumento escatológico (bromas).[3] Sin embargo, aplaudo su acercamiento al tema, ya que en efecto, el lenguaje escatológico en la revelación bíblica (en su mayoría) tenía —y sigue teniendo— el objetivo de traer esperanza al pueblo del pacto. El Dr. Suazo escribe en la página 115: «… siempre que se habla de los últimos tiempos en la Biblia el futuro es de esperanza y el presente es de santidad y justicia (2 P 3:11, 13-14)».  Este fue uno de los capítulos que más disfruté. Gracias, Dr. Suazo.

    Finalmente, el capítulo 16 del libro viene a empalmar para los lectores, otro de los propósitos más importantes del libro, el aprendizaje. Y de manera estratégica los editores dejan este tema ya casi para cerrar la obra ya que es una excelente conclusión.

    A todo nivel, el aprendizaje debe ser una meta crucial en la vida de todo cristiano, y vaya si esta situación que estamos atravesando es para ello.

    La Lcda. Carolina de Chamorro hace comentarios excepcionales que deben despertar a los lectores. Por ejemplo, para aquellos que somos educadores ella escribe en la página 136: «… toda institución educativa debe aprender a elaborar filosofías y metodologías sostenibles a largo plazo, aplicables a diversas realidades y alcanzables para profesores y estudiantes. La virtualización de la educación, por ejemplo, no ha sido nada fácil, resultó ser un desafío institucional además de particular». Esto es totalmente cierto. En mi caso, enseño teología a pastores del área rural que nunca (o casi nunca) han tenido acceso a educación teológica, y las palabras de Carolina hacen eco en mi trabajo, ya que con mi equipo hemos tenido que buscar la manera de continuar nuestra labor y definitivamente debemos estar abiertos a otros métodos y formas de enseñanza. Ella sigue argumentando que «la pandemia demandó al educador competencias propias de la educación del siglo XXI, acelerando y exigiendo su implementación en la docencia». Creo ser un testimonio de esto y tengo varios amigos educadores que definitivamente serán confrontados al leer este capítulo.[4]

    Podría seguir citando a los diferentes escritores y comentando sobre sus conclusiones, pero quisiera terminar con una pequeña parte en la contraportada, que repito, me parece el tema subyacente de la obra. Gonzalo escribe que «hay un hilo que recorre todos los escritos (de este libro), que se muestra de pasta a pasta: la esperanza cristiana que no nos defrauda (Ro 5:5)».

     A lo cual digo ¡amén! Y recomiendo a todos aquellos que han puesto su fe en el Señor Jesucristo para que descarguen GRATIS este libro, lo lean y lo compartan.

    Gracias, Instituto Crux, por esta obra. Dios sea glorificado y los lectores edificados.


    [1] Si este libro fuese una montaña rusa, estas partes serían las de mayor susto.

    [2] Si este libro fuese una montaña rusa, estas partes serían las de mayor altura.

    [3] Aquí les dejo el enlace de su canal de YouTube para que le escuchen un poco más sobre el tema: https://www.youtube.com/channel/UCf1lPnTl_ant_6Q-FS51Z_w

    [4] Si este libro fuese una montaña rusa, este capítulo sería la «curva tenebrosa/emocionante final» antes de terminar.

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