¡Mucho cuidado! La adoración puede ser peligrosa

La adoración puede ser peligrosa

¡Mucho cuidado!

¡Ningún error más fatal que pensar que la adoración es un placentero pasatiempo espiritual para el deleite sublime del alma! El Apocalipsis nos enseña la asombrosa seriedad, la solemnidad y la peligrosidad de la verdadera adoración. En las categorías de Søren Kierkegaard, la adoración a un nivel meramente estético, por bella que sea, no es más que una blasfemia y una abominación delante del Señor. La verdadera adoración tiene que llevarnos al nivel ético y existencial. Estar delante del Señor de la historia, que está sentado en el trono, significa tener que comprometernos históricamente con su voluntad.

Cuando nos hallamos frente al ocupante del trono, cuando nos hemos arrodillado delante del Señor del universo, se nos transforma nuestra visión de todas las cosas. Es imposible adorar verdaderamente sin comprometerse en el acto con los valores del Reino y la voluntad de aquel que está sentado en el trono. Si no, no es adoración sino hipocresía. Nuestro Dios es el Señor del universo, de la historia y de todas las naciones; adorarle es ponernos incondicionalmente a su disposición, hasta las últimas consecuencias, para ser colaboradores con él en sus propósitos. La adoración y la oración son los actos más revolucionarios que podemos realizar.

¡Ningún error más fatal que pensar que la adoración es un placentero pasatiempo espiritual para el deleite sublime del alma!

La adoración verdadera nunca puede ser históricamente escapista ni políticamente neutral. En las doxologías de estos capítulos [del Apocalipsis], como en todo su libro, Juan de Patmos declara explícitamente y sin titubeos sus opciones ideológicas. Entre alabanza y alabanza van fuertes denuncias de la idolatría del sistema imperialista, y no es por eso menos adoración sino más adoración, adoración auténtica. Una adoración «espiritualoide» y etérea, por muy piadosa que parezca, no tiene nada que ver con aquel que está sentado en el trono y con su Reino de justicia.

Aunque se hallaba prisionero por su fe, Juan de Patmos no tenía miedo, en su adoración como en todo su libro, de declarar su compromiso con el Señor de señores y de denunciar las idolatrías, injusticias y opresiones de su época. Su adoración era un auténtico acto de fe y compromiso a los pies del Señor de la historia. Tal adoración siempre parecerá subversiva y será peligrosa. En todo su libro Juan está llamando a los fieles a ser consecuentes con su fe y su adoración, aun cuando para unos significaría una muerte segura.

 


* Artículo publicado con permiso del autor. Fue publicado originalmente el 29-08-2018 en el blog personal del autor.

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