La iglesia ante la cultura

La iglesia ante la cultura

Un segundo elemento del acercamiento de la iglesia a la cultura es la crítica. Una diferencia entre condenar la cultura y criticarla es que lo primero se aplica a aquellos asuntos que son clara y evidentemente condenables, en que la mayoría de gente, incluyendo no cristianos, estarían de acuerdo al respecto, mientras que criticar la cultura es analizar y evaluar con criterio teológico, especialmente los valores del reino, elementos culturales que podrían ser rescatables o redimidos.

Este tipo de evaluación crítica de aspectos de la cultura también se halla en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, en Mt 23:2-3 Jesús reconoce la función de los escribas y los fariseos de interpretar la ley, que lo hacen bien y que deberían ser obedecidos en lo que enseñan. Sin embargo, en los versículos siguientes él no da su aprobación a sus actitudes y acciones, sino que las critica. Así, en este capítulo Jesús encuentra algo que merece evaluación crítica sin condenarlo completamente.

Otro ejemplo se halla en Jn 9, donde Jesús realiza el milagro de sanar al ciego de nacimiento, en parte para poner en evidencia la insensibilidad de una sociedad religiosa más preocupada por el cumplimiento de las normas que por el bienestar de las personas más necesitadas. En el v. 39 él declara que ha venido para juzgar, es decir, para criticar la cultura religiosa judía.[1]

También las parábolas de Jesús son una crítica a la cultura judía y sus valores. Por ejemplo, algunas de ellas claramente subvierten las ideas culturales acerca del valor y la ubicación social de las personas, como los publicanos y pecadores frente a escribas y fariseos (cp. Lc 15).[2]

En Hch 16:35-39 el apóstol Pablo critica fuertemente las acciones ilegales e injustas de los magistrados de Filipos en contra de él y sus acompañantes. Sin embargo, reconocía el valor del sistema judicial romano y esperaba que este actuara con justicia. No condena el sistema, pero sí critica su actuar inconsecuente con la ley y la justicia.[3]

En estos ejemplos neotestamentarios podemos ver que el evangelio critica con criterio teológico elementos de las culturas judía y romana sin necesariamente condenarlos.

Al pensar en la crítica a las culturas contemporáneas, Crouch se detiene en el arte, que, según él explica, no debe ser condenado, pero sí evaluado con criterio teológico.[4] En nuestro contexto también el arte debe ser objeto de reconocimiento y a la vez de evaluación crítica. Tiene aspectos redimibles y aspectos criticables. Esto se aplica también al arte cristiano dentro de las iglesias, el cual en muchos sentidos funciona con los mismos valores que el arte mundano. Ya se puede hablar de una farándula evangélica que ha adquirido y asimilado los valores del mundo en vez de criticarlos.

Estos mismos criterios se podrían aplicar al deporte, la educación, los negocios. Son elementos importantes de nuestra cultura. No deberían ser condenados, pero tampoco deberían aceptarse y usarse ingenuamente, como cada vez más sucede. Más bien, deberían ser objeto de estudio, análisis y evaluación crítica a la luz de los valores del reino enseñados por Jesús y los apóstoles.


*El contenido de este artículo fue presentado en el coloquio del 02-10-19: «Cristo y la cultura contemporánea». Las publicaciones serán reproducción textual de David Suazo J., «Ser contracultura: Imperativo para todos los cristianos”, Kairós 54 (2014): 95-108. La ortografía y el estilo no se han modificado, pero se han omitido y acortado algunas notas al pie por cuestiones prácticas. Sin embargo, quien desee la información bibliográfica completa puede consultar el artículo original.

[1] David Suazo J., La función profética de la educación teológica evangélica en América Latina (Viladecavalls: CLIE, 2012), 76-77.

[2] Ibíd., 79-80.

[3] David Suazo, “El poder de la verdad para transformar culturas: El Evangelio transforma individuos, estructuras y sociedades (Hechos 16:11-40)”, Kairós 37 (julio-diciembre 2005): 107-09.

[4] Crouch, “Creating Culture”, 2.

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