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Educación virtual: ¿el nuevo rostro de la educación? El desafío de la formación y la transformación

    La pandemia del coronavirus ha trastornado muchas cosas, y una de ellas es la educación. Aunque ha habido voces que en los últimos años han anticipado el rumbo de la educación hacia una modalidad virtual, nadie imaginó que se llegaría allí de manera inesperada y abrupta. Es cierto que algunos sistemas educativos y algunas instituciones ya estaban funcionando con programas formales de educación en línea. Sin embargo, la mayoría fueron tomados por sorpresa. La educación pública gubernamental en muchos de nuestros países simplemente no ha logrado implementar la educación virtual por falta de recursos, equipo y personal capacitado. La educación superior estaba un poco más preparada, pero aún así hubo universidades que no tenían nada y tuvieron que comenzar todo desde cero. ¿Se ha visto perjudicada la educación con esta nueva realidad? ¿Los estudiantes de todos los niveles están aprendiendo mejor? ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de esta modalidad de educación?

    Los proponentes y defensores de la educación virtual afirman que hay más ventajas que desventajas. Los defensores de la educación presencial ven más desventajas que ventajas. Y algunos simplemente rechazan toda educación virtual, incluso en esta emergencia. Hay otros que ven que es posible mantener las dos modalidades y aprovechar las ventajas de la una y la otra. Una realidad que se impone es que muchos estudiantes no tienen acceso al equipo mínimo necesario para estar en línea ni a una conexión decente de Internet, dando como resultado un atraso en su desarrollo como estudiantes, sin importar el nivel en que se encuentren. ¿Qué papel juegan las instituciones, los maestros, los padres de familia en esta nueva forma de educación? ¿Qué papel juegan los estudiantes? ¿Hay lecciones que la historia nos da al respecto? ¿Dice algo la Biblia? ¿Cómo será la educación después de la pandemia?

    Un poco de historia

    La educación ha formado parte de la historia humana desde siempre. Desde sus etapas más primitivas hasta la actualidad ha habido muchos cambios. Una meta común en todas las etapas ha sido que la educación sirva para la vida, es decir, para la formación de las personas en su carácter, sus virtudes y también para las habilidades y el manejo de las herramientas para sobrevivir y producir. Los valores culturales, las actitudes y las conductas se transmitían de generación a generación principalmente desde el seno de las familias. Los griegos desarrollaron una educación más formal, y de allí nacen la academia y los liceos, que no eran otra cosa que lugares exclusivos para la formación de la élite de la sociedad. La educación en general seguía haciéndose desde el hogar.

    La educación formal escolarizada, tal como la conocemos hoy, es algo reciente comparada con toda la historia humana. Durante la era cristiana la educación formal siguió en manos de una élite, en este caso la élite eclesiástica. Por toda la Edad Media la educación formal estuvo en manos de la Iglesia católica y se dirigía solamente a una pequeña élite política y eclesiástica. Se formaban los funcionarios de la Iglesia y la clase política básicamente. El resto de la población seguía una educación natural, informal desde el hogar. Las habilidades académicas (lectura, escritura, matemáticas y otras ciencias) solamente las obtenían los de las clases pudientes. Con la reforma protestante del siglo XVI hubo un gran cambio y la educación formal se llevó al pueblo, y desde allí comenzó lo que hoy llamamos educación pública dirigida por los gobiernos. La escolarización de la educación apareció recién en los siglos XVIII y XIX. Desde entonces el sistema educativo de cada país se escolarizó y poco a poco dejó de hacerse énfasis en la educación para la vida y se pasó a la educación para el trabajo. Allí estamos ahora. La educación es ahora un producto más del mercado de consumo y la gente se educa para obtener las herramientas y habilidades para el buen desempeño en el trabajo. La formación y transformación de las personas ya no es prioridad de la educación hoy en día. Por eso parece algo natural que en la educación virtual nos limitemos a transmitir los conocimientos necesarios para sobrevivir en el sistema y para trabajar en el mundo laboral. ¿Debe ser así necesariamente? ¿Hay forma de inyectar otras metas en la educación virtual?

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    Un poco de Biblia

    Se han hecho estudios serios y profundos sobre la educación en la Biblia. Obviamente no vamos a hacer eso aquí, pero algo diremos. La educación en el Antiguo Testamento se basa en lo que los padres de familia hacen con sus hijos (Gn 18:19; Dt 6:4-9).  Se habla de una escuela de profetas en tiempos de Eliseo y Samuel, pero parece que fue algo temporal asociado con esos profetas. Durante el cautiverio se desarrolló la sinagoga que sirvió como centro de adoración y también como una escuela para los varones israelitas. El contenido era la ley (la Torá), que se memorizaba, pero también allí se transmitían los valores del judaísmo. Mientras tanto los hogares seguían siendo el centro de la educación para el pueblo. Como que hoy los hogares están regresando al centro de la educación, porque los padres son los maestros en casa. ¿Qué enseñan? ¿Solamente lo que los colegios y escuelas están pidiendo?

    En el Nuevo Testamento conviven la educación judía y la griega. Las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles se transmitían de generación a generación a través de los padres, pero también a través de los líderes religiosos. La comunidad cristiana se sumó a la tarea de educación. La mayor parte de la educación en tiempos del NT era peripatética, es decir, en el camino, mientras se hacían las actividades cotidianas. Así la vemos en Jesús y en Pablo. Ahora es casi imposible reproducir esa educación, pero algo se puede hacer, aprovechando los momentos de la cotidianidad para enseñar y aprender. Aunque los contenidos son importantes y hay que enseñarlos y transmitirlos a las nuevas generaciones, lo más importante es que se enseñe a obedecer lo que Jesús ha mandado (Mt 28:20). Interesantemente este texto de Mateo se relaciona bien con el de Gn 18:19. La meta es la obediencia. ¿Solamente la educación cristiana tiene esa meta? ¿Hay algo en la educación en general que deba apuntar a la formación y transformación de las personas y no solamente a la información y capacitación para el trabajo?

    Un poco de actualidad 

    Todo parece indicar que la pandemia ha cambiado la educación para siempre. Se dice que la educación virtual llegó para quedarse. Al momento los padres de familia, especialmente las madres, están luchando por ayudar a sus hijos pequeños a salir adelante con el aprendizaje, las tareas y demás. Si hay varios niños en casa, hay que atenderlos a todos. Si hay una sola computadora, hay que turnarse. Ahora las madres también tienen que manejar no solamente la lectura, la escritura, las matemáticas, las ciencias, sino también la tecnología.

    Hay especialistas que dicen que hay que poner atención especial a la lectura. Estudios recientes de la neurociencia indican que hay una ventana de tres años en la que los niños agarran la lectura fluida. Si eso no se logra en esa ventana, será prácticamente imposible que lleguen al mejor nivel de lectura, aunque tengan refuerzos más adelante. Esa ventana está entre los 7 y los 9 años. Muchos niños, especialmente los de más escasos recursos, tendrán problemas para adquirir la habilidad de lectura por causa de la situación actual de sus clases. No esperamos que esta crisis dure tanto tiempo, pero para algunos la ventana se está cerrando. ¿Dónde cabe la formación y transformación de los estudiantes en esta situación? Además del aprendizaje de contenidos, ¿qué más están perdiendo nuestros estudiantes?

    La educación secundaria y universitaria también ha sufrido cambios drásticos. Hay instituciones y maestros que funcionan a través de plataformas educativas diseñadas específicamente para la educación en línea. Otras van sobreviviendo a base de redes sociales y correo electrónico. Otras más no tienen nada de nada, como algunas escuelas públicas en el interior del país. Si creemos que la meta de la educación es la formación y transformación de las personas, ¿cómo se logra eso en la educación virtual? ¿Nos limitaremos a transmitir apenas los contenidos y nada más? ¿Cómo se construyen comunidades virtuales de aprendizaje donde se fomenten los valores, las actitudes, la convivencia? ¿Dónde está la educación cristiana de las iglesias, las familias y las instituciones en este tiempo de crisis? Hay muchas iniciativas y proyectos de educación para los niños que están funcionando y que podrían ser de utilidad para todos, pero sin olvidar la meta final. Termino de nuevo con la frase lema: para el creyente el futuro siempre es mejor.

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