La importancia del cuidado y protección de la familia

La importancia del cuidado

Seguramente, hay muchos escritos acerca de la importancia de la familia y su rol vital dentro de nuestra sociedad. Desde psicólogos, sociólogos, filósofos, etc., el valor de dicha institución, como su mantenimiento y fortalecimiento, han sido puestos de relieve. Sin embargo, también es importante destacar el cuidado que se deben unos a otros dentro del núcleo familiar (padres a hijos, hijos a padres, hermanos a hermanos, etc.). La Biblia nos presenta un relato significativo de lo que tratamos de decir en este escrito. Marcos 5, la escena de Jairo con Jesús, demuestra que el cuidado y protección de la familia no solo deben estar presentes en la comunidad en general, sino en los miembros de esta en particular.

Situación de Jairo 

Jairo era uno de los jefes de la sinagoga (Mc 5:22), una persona muy importante dentro de la sociedad judía. Es casi seguro que se tratara de alguien muy religioso y letrado con respecto a la Torá. Lo que no sabemos son las ideas que este tenía sobre Jesús. ¿Había discutido en contra de las enseñanzas de aquel hombre que realizaba milagros? ¿El testimonio de la gente sobre Jesús hacía que este fuera atractivo para Jairo? El relato no nos dice nada, realmente, sobre esto. Sin embargo, este judío se encontraba en un momento de desesperación, su hija estaba muriendo y necesitaba un milagro.

Los que somos papás podemos entender la angustia que Jairo vivió. La ansiedad al ver que su hija empeoraba lo hizo salir a buscar ayuda. ¿A quién buscó primero? No lo sabemos. Tal vez pidió apoyo a su familia más cercana o, probablemente, a la gente de su congregación. Lo que es seguro es que este padre angustiado llegó a los pies de Jesús (Mc 5:22) —«la imagen del Dios invisible» (Col 1:15)—, encontrando una extraña esperanza que no había sentido antes, y le hizo una petición: «Mi hijita se está muriendo. Ven y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva (Mc 5:23 NVI). Este ruego deja ver a un padre buscando incansablemente, sin resignación alguna, el bienestar de su hija. Jairo sabe que es su responsabilidad velar por el cuidado de su familia.

Respuesta de Jesús

Al escuchar esta petición desgarradora, Jesús decidió seguir a Jairo hasta su casa. Aquel tenía preparado hacer lo que había realizado en su ministerio: sanar y restaurar. Pero el relato se ve interrumpido por un evento un poco extraño, la sanidad de una mujer que toca el manto del Señor (Mc 5:25-34).

Aunque dicha interrupción deja de lado a Jairo y se enfoca en la mujer y Jesús, nosotros podemos imaginar a aquel papá desesperado y angustiado. El tiempo corre, la niña está agonizando y Jesús necesita llegar a tiempo, antes de que esta muera. Sin aún terminar la escena, la noticia que Jairo quiso evitar llegó: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?», dijeron unos hombres de la casa de Jairo (Mc 5:35b). Definitivamente, una noticia más que dolorosa e irreparable para cualquier ser humano, pero no para el autor de la vida, quien le dijo al jefe de la sinagoga: «No tengas miedo; cree nada más» (Mc 5:36b).

En Jesús, este jefe de la sinagoga encontró al Salvador que buscaba, al único que puede transformar la muerte en vida. Nosotros como papás debemos de llevar a nuestros hijos a los pies del Hijo, confiando en que él los cuidará y sanará en toda situación.

Milagro de Jesús para toda la familia

Al llegar a la casa de Jairo, Jesús entró adonde estaba la niña muerta con sus tres discípulos (Pedro, Jacobo y Juan), con el padre y la madre de esta. Dicha escena es relevante porque muestra la importancia de la familia dentro del milagro. Jairo le pidió al Señor que sanara a su hija, pero este quería sanar a la familia completa. El hecho de que Jesús «levantara» a la niña en presencia de sus padres revela cierto propósito: el milagro proyecta el reconocimiento de Jesús como Señor dentro del núcleo familiar.

Implicaciones y enseñanzas

A través de dicho relato se puede ver el cuidado y protección del papá a su pequeña hija. Aunque la niña está muriendo (o como traduce la RV60: «agonizando»), Jairo se rehúsa a darse por vencido. Él sabía que necesitaba buscar una solución más allá de todo lo natural, un milagro. En Jesús, este jefe de la sinagoga encontró al Salvador que buscaba, al único que puede transformar la muerte en vida. Nosotros como papás debemos de llevar a nuestros hijos a los pies del Hijo, confiando en que él los cuidará y sanará en toda situación.

Sin embargo, la actitud de Jesús también nos enseña algo. Al ir «corriendo» a casa de Jairo, este está preparando el escenario para un propósito mayor. No solo quiere sanar a la niña y que los papás estén agradecidos, sino que el fin último es hacer del milagro un vehículo para que toda la familia lo reconozca como único Señor. Es decir, la sanidad es importante, pero no el punto central. El depósito de la confianza absoluta del hombre en el Hijo de Dios es lo que busca el hecho sobrenatural. Por dicha razón es que Jesús lleva al límite a este padre angustiado (cf. Mc 5:36b); lo que desea es fortalecer la fe que tenía Jairo, haciéndolo depender totalmente de la misericordia divina. Lo que espera Dios de nosotros y de nuestras familias no es solo el agradecimiento, sino el reconocimiento y abandono total en él, siendo este el verdadero milagro.

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