El libro supremo: la Biblia

El libro supremo: la Biblia

El libro supremo:

Dentro de la literatura existen las famosas «obras clásicas», escritos que han logrado ese nombre por el impacto, aceptación y legado en la humanidad. Oscar Wilde, Miguel de Cervantes, William Shakespeare, Homero, Charles Dickens, Dante Alighieri, León Tolstói y Fiódor Dostoyevski son parte de los nombres que se encuentran en dicha clasificación. Entre muchas cosas, las obras de estos autores aleccionan, entretienen, recrean y dan hermosura a muchos aspectos de la vida (olvidados y presentes). Sin embargo, en los libros de estos grandes maestros no se encuentra lo que podemos hallar en la Biblia: la eterna y suprema palabra de Dios.

Nunca me fatigaste como los poemas de los hombres. Siempre me eres fresco, recién conocido, como la hierba de julio, y tu sinceridad es la única en que no hallo cualquier día pliegue, mancha disimulada de mentira. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos, y yo te amo todo, desde el nardo de la parábola hasta el adjetivo crudo de los Números.[1] 

“La Biblia es para mí El Libro. No veo cómo alguien puede vivir sin ella”. Tales fueron las palabras de Gabriela Mistral, insigne poetisa chilena laureada con el Premio Nobel de Literatura, al referirse al libro inmortal.[2]

Un libro distinto

La Biblia es un libro que no solamente entretiene, divierte, embellece y da alegría a la vida de la persona; esta trae paz, aliento, esperanza, gozo, significado y razón de vida para todo aquel que quiera conocer la mente de Dios.

El que con frecuencia piensa en Dios, tendrá una mente más amplia que el hombre que se afana simplemente por lo que le ofrece este mundo estrecho []. El estudio más excelente para ensanchar el alma es la ciencia de Cristo, y este crucificado, y el conocimiento de la deidad en la gloriosa Trinidad. Nada hay que desarrolle tanto el intelecto, que magnifique tanto el alma del hombre, como la investigación devota, sincera y continua del gran tema de la Deidad.[3]

Palabra de Dios para las grandes interrogantes

La Escritura sí responde a las grandes preguntas existenciales:

      • ¿De dónde vengo? (origen). Somos creación de Dios y seres con eternidad relativa, con principio, pero que no tendremos fin.
      • ¿Quién soy? (identidad). Somos seres creados a imagen y semejanza de Dios. De igual forma, tenemos la facultad de decidir entre lo bueno y lo malo, es decir, somos agentes morales, personas que un día estaremos ante el Creador y daremos cuenta de todo lo que hayamos hecho o dejado de hacer. A pesar de llevar la imagen de Dios, los hombres estamos destituidos de la gloria de Dios (cf. Ro 3:23). ¿Por qué razón? No por un defecto trágico, como lo llamaba Shakespeare; no por el medio ambiente, como lo marcó Freud; no por la lucha de clases, como lo señalaba Marx. La Biblia es clara: estamos privados de la gloria divina por el pecado.
      • ¿Hacia dónde voy? (destino). Tenemos la facultad de decidir, por medio del libre albedrío, entre el cielo o el infierno. En otras palabras, hay esperanza para el ser humano, la cual ha sido dada al mundo a través del Hijo único de Dios, Jesús el Cristo.

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él (Jn 3:16-17 NVI).

Este libro es el más grande regalo de Dios a la humanidad, pues todo lo que el buen Salvador le dio al mundo está contenido en este libro; sin la Biblia no pudiéramos saber la diferencia entre el bien y el mal

Revelación de la verdad

La palabra de Dios dice que sí existe la verdad, sí existen los absolutos y sí existe una moralidad por encima del ser humano, reflejo del santo y bellísimo carácter divino. Resultan muy precisas las palabras del decimosexto presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln: «Este libro es el más grande regalo de Dios a la humanidad, pues todo lo que el buen Salvador le dio al mundo está contenido en este libro; sin la Biblia no pudiéramos saber la diferencia entre el bien y el mal».[4]

Autorrevelación de Dios

El cristianismo es el verdadero culto y servicio al verdadero Dios, Creador y Redentor de la humanidad. Es una religión que se apoya en la revelación: nadie sabría la verdad acerca de Dios, ni se podría relacionar con Él de una manera personal, si Él no hubiera actuado primero para darse a conocer. Pero Dios ha actuado así, y los sesenta y seis libros de la Biblia, treinta y nueve escritos antes de venir Cristo, y veintisiete después de que hubo venido, constituyen juntos el registro escrito, interpretación, expresión y prototipo de su autorrevelación. Dios y la santidad son los temas que unen toda la Biblia.[5]

Lugar de sustento y refugio

No importa la etapa o situación que pasemos en la vida, en la Biblia siempre encontraremos refugio y sustento. Así lo declaró el salmista cuando reflexionaba en la palabra de Dios:

           Postrado estoy en el polvo;

           dame vida conforme a tu palabra.

          Tú me respondiste cuando te hablé de mis caminos.

          ¡Enséñame tus decretos!

          Hazme entender el camino de tus preceptos,

          y meditaré en tus maravillas.

De angustia se me derrite el alma:

         susténtame conforme a tu palabra (Sal 119:25-28 NVI).

Sir Walter Scott, célebre escritor escocés de principios del siglo XIX, estando en su lecho de muerte pidió que le trajeran “El Libro”. ¿Cuál Libro? —preguntó solícito uno de los miembros de su familia, creyendo que el moribundo se refería a alguna de las muchas obras que había escrito y que guardaba en su biblioteca—. No hay más que un libro para un momento como este —contestó Sir Walter Scott—. Ese libro es la Biblia.[6]

Que este bendito libro (la Biblia) se vuelva raigambre en nuestra vida y que realmente sea lámpara a nuestros pies y lumbrera en nuestro camino (Sal 119:105), y que exclamemos como el salmista: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación (Sal 119:97 RV60).

 


[1] Juan Antonio Monroy, El Quijote y la Biblia (Barcelona: CLIE, 2016), 29.

[2] José Silva Delgado, El libro siempre nuevo: Introducción a la Biblia (Miami: Vida, 1983), 9.  

[3] J. I. Packer, El conocimiento del Dios santo (Miami: Vida, 2006), 20.  

[4] Armando Alducin, Evidencias de la Biblia (Villa Nueva: Reko, 2015), 83.  

[5]​ J. I. Packer, Teología concisa: Una guía a las creencias del cristianismo histórico (Miami: Unilit, 1998), 15.

[6] Alducin, Evidencias de la Biblia, 2

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete

Archivo

Publicaciones mensuales