Reforma protestante

La Reforma Protestante:

Este 31 de octubre se celebró una fiesta muy especial en la cristiandad, un acontecimiento histórico trascendente: la Reforma Protestante. Se cumplieron 502 años de este evento glorioso que inició en el norte de Alemania, cuando el monje Martín Lutero clavó 95 tesis en la puerta de madera de la iglesia del castillo de Wittenberg.

Vaticinio sobre el nacimiento de un «cisne»

Juan Huss (o Jan Hus), teólogo checo y precursor de la Reforma influenciado por Juan Wiclef, dijo lo siguiente: «Ama la verdad, vive la verdad, predica la verdad, defiende la verdad, porque el que no habla la verdad, traiciona la verdad». Este hombre tuvo una fe inquebrantable, a tal grado que estuvo dispuesto a dar su vida por causa de esa verdad que profesó durante su peregrinaje por este mundo. «Pueden matar el ganso (en su lengua hus quiere decir ganso), pero dentro de cien años aparecerá un cisne que no podrán quemar», exclamó en la cárcel cuando fue sentenciado por el papa a ser quemado vivo.[1]

Cumplimiento del vaticinio

Mientras caía la nieve y el viento helado aullaba como una fiera alrededor de cierta casa, nació el «cisne» en Eisleben, Alemania. Al día siguiente el recién nacido fue bautizado en la iglesia de San Pablo con el nombre del santo del día: Martín. Ciento dos años después de que Juan Huss expirara en la hoguera, este «cisne» fue el que fijó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis contra la venta de indulgencias, dando origen a lo que hoy se conoce como Reforma Protestante. El teólogo checo se equivocó solo dos años en su predicción.[2]

Lutero no apareció en medio del vacío, sino que fue el resultado de los «sueños frustrados» de generaciones anteriores.[3] Este monje agustino es parte de una pléyade de grandes hombres (por ejemplo, Juan Calvino, Ulrico Zuinglio, John Knox, etc.), los cuales estaban convencidos del seguimiento del verdadero evangelio y no del dogmatismo impuesto por los hombres. Este evangelio es el que transforma la vida del ser humano, no por sus méritos, sino únicamente por la bendita y gloriosa gracia del Soberano.

El historiador Justo L. González nos recuerda lo siguiente de este gran hombre:

Su fe era profunda, y nada le importaba tanto como ella. Cuando se convencía de que Dios quería que tomara cierto camino, lo seguía hasta sus consecuencias últimas, y no como quien, puesta la mano sobre el arado, mira atrás […]. Al estudiar la vida y obra de Lutero, una cosa resulta clara, y es que la tan ansiada reforma se produjo, no porque Lutero u otra persona alguna se lo propusiera, sino porque llegó en el momento oportuno, y porque en ese momento el Reformador, y muchos otros junto a él, estuvieron dispuestos a cumplir su responsabilidad histórica.[4]

«En cuanto a la verdad no podemos abandonarla, incluso si esto significa la pérdida de nuestras vidas, porque no vivimos para esta generación, sino para el Señor»

Presupuestos teológicos de la Reforma 

La teología de la Reforma se ha resumido, generalmente, en cinco «solas»:

  • Sola scriptura: La palabra de Dios es la regla infalible, inmutable y eterna.
  • Solus Christus: Nuestro Señor y Salvador Jesucristo es el camino, la verdad y la luz del mundo. Su muerte expiatoria satisface las exigencias de un Dios justo, perfecto y santo.
  • Sola gratia: Nada de lo que hagamos nos hace merecedores de la salvación. El profeta Isaías dice que «todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia» (Is 64:6). En este sentido, Pablo lo expresa de manera pronta cuando en Ef 2:9 dice: «[N]o por obras, para que nadie se gloríe» (RV60). Solo la bendita y gloriosa gracia de nuestro buen Dios nos salva.
  • Sola fide: Solo la fe puesta en el sacrificio expiatorio de Cristo nos justifica.
  • Soli Deo gloria: Todo lo que hacemos es para la honra y gloria de Dios.

De igual forma, hay que recordar lo siguiente:

La consigna clásica de la Reforma semper reformanda no significa “siempre reformando”, sino “siempre siendo reformado”. Encuentra su origen en la frase ecclesia reformata, semper reformanda (la iglesia reformada y siempre siendo reformada). Luego agregaron secundum verbum Dei (de acuerdo a la Palabra de Dios) para aclarar que la Iglesia siempre sería reformada por la Palabra de Dios. En este sentido, no existen “reformadores”, sino solo aquellos que han sido reformados por la Palabra y han apuntado a los demás a la misma Palabra reformadora.[5]

Lo anterior refleja una iglesia que está en constante reforma a la voz del Espíritu Santo por medio de su Palabra. Una iglesia que cumple con ser luz y sal en medio de un mundo que se erosiona día a día. Pertinentes son las palabras de Zuinglio, reformador suizo: «En cuanto a la verdad no podemos abandonarla, incluso si esto significa la pérdida de nuestras vidas, porque no vivimos para esta generación, sino para el Señor».

Con la ayuda de Dios, volvámonos unos epígonos de estos grandes hombres, dispuestos a no complacer a nuestra generación, sino a honrar «al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, a quien sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén» (1 Ti 1:17).


[1] Orlando Boyer, Biografías de grandes cristianos (Miami: Vida, 2001), 15.

[2] Ibíd.

[3] J. L. González, Historia de la Reforma (Miami: Editorial Unilit, 2003), 7.

[4] Ibíd., 28-29.

[5] Steven Morales, “10 cosas que debes saber acerca de la Reforma”, 28 de octubre de 2015, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/10-cosas-que-debes-saber-acerca-de-la-reforma/

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