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Malinterpretando la gracia

Dios se tomó un gran riesgo al anunciar por adelantado el perdón, y el escándalo de la gracia comprende un traslado de ese riesgo a nosotros.

Philip Yancey

El mensaje de la gracia es maravilloso: el amor de Dios llega a nosotros sin costo alguno de nuestra parte. Su gracia se manifiesta de distintas formas, y una de estas es a través del perdón. Sin embargo, debo confesar que muchas veces me he sentido tentada a malinterpretrar la gracia, es decir, en ocasiones he querido hacer algo que no debo porque luego puedo pedir perdón. De hecho, así nos han enseñado: «Vale más pedir perdón que pedir permiso» o «El que peca y reza empata». Entonces, si se sabe de antemano que Dios perdona, ¿para qué ser bueno? ¿Será esto lo que nos enseña la gracia? Como dice Pablo en Ro 6:1: «¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?» (RVR60).

Quisiera hablar un poco acerca de la seguridad industrial para explicar lo que quiero decir. En el análisis de prevención de riesgos se toman en cuenta cinco factores: el peligro, la amenaza, el evento máximo, la consecuencia y las barreras. ¿Cómo sería si aplicara este análisis para explicar el riesgo de pensar que puedo pecar porque recibo perdón? Para esto es necesario evaluar qué lección se puede aprender de cada factor con respecto al tema.

Factor #1: identificar el peligro

Un peligro es aquella actividad con el potencial de hacer daño. Así como un cuchillo puede llegar a cortarnos o un perro rabioso en la casa del vecino puede mordernos, en cierto sentido, el mensaje de la «salvación enteramente por gracia» puede ser peligroso cuando lo aíslo de los demás mensajes de la Biblia y lo manipulo para mi beneficio. Puede ser que piense que «a mí me gusta pecar y a Dios perdonar», y es aquí donde comienzo a tergiversar el mensaje de la gracia. El mayor peligro es la malinterpretación para mi beneficio, porque a partir de esto puedo dañar mi vida espiritual.  

Factor #2: definiendo amenazas

Una amenaza es aquella acción que puede liberar el peligro. ¿Qué es lo que me hace malinterpretar la gracia? Puede ser cierto acomodamiento con lo que otros dicen de la gracia o que jamás he profundizado y experimentado el propósito de esta. 

En otro escenario, tal vez me encuentro buscando una excusa para pecar. O quizás mantengo un pecado que se ha convertido en mi prioridad y necesito un pretexto para satisfacer mis deseos. Por ejemplo, decido seguir mintiendo porque al final puedo pedirle perdón a Dios y seguramente me va a perdonar. Obviamente, esto no solamente aplica a la mentira, sino a todo pecado.  

Cualquiera de las dos ideas nos lleva a liberar el peligro, terminamos acomodando el concepto de la gracia, y cuando hago esto regreso a la esclavitud del pecado.

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Factor #3: evento máximo

El evento máximo se define como el momento exacto en donde se pierde el control sobre el peligro. Si mi peligro es la malinterpretación del perdón por gracia, el evento máximo es cuando dejo que esa tergiversación se convierta en una excusa para seguir pecando y me quede de brazos cruzados ante la falta de conocimiento.

Cuando dejo que estas ideas se apoderen de mi mente es como si mi relación con Dios se convirtiera en una carrera entre cuánto puedo llegar a pecar y cuánto él me puede llegar a perdonar. 

Factor #4: consecuencia

Toda acción tendrá una reacción. En el caso de una industria, por ejemplo, el dejar una fuente eléctrica cerca de un polvo muy fino puede causar una explosión. En nuestro caso, las consecuencias del pecado son claras: separación de Dios. Por lo tanto, para el cristiano debería ser evidente que cuando peca no se siente igual, se siente separado de su fuente de vida.

No obstante, hay algo más cuando nos aferramos a que es buena idea pecar porque Dios me perdona después. Volvamos a lo que dice Pablo en Ro 6:2, donde él responde a su pregunta anterior de la siguiente manera: «En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (RVR60).

Irónicamente, cuando tratamos de sacar provecho de la gracia, lo que hacemos es renunciar al regalo que viene con ella: la muerte al pecado para la vida con Cristo. Decir que voy a pecar porque Dios me perdona después, es decir que voy a regresar a lo que me esclaviza para que Dios me libere de nuevo. Llegamos a un ciclo en donde solamente queremos engañarnos diciendo que somos libres.

Factor #5: barreras

Las barreras son las medidas que tomamos para prevenir el evento máximo. Todos luchamos contra el pecado, pero ¿estaré dejando que se nuble mi vista de tal modo que manipule la gracia? Al principio parece una idea muy loca en el interior de nuestra mente, pero esta puede ir creciendo y creciendo hasta convertirse en una «licencia para pecar».

Al final, la barrera más fuerte es mantener una relación constante con Dios. Meditar realmente acerca del perdón por gracia nos llevará a conocer su propósito. Si me acerco a Dios solo para saber «hasta dónde puedo llegar», esto es evidencia de que no lo conozco realmente y que no tengo ni idea de lo que Dios tiene pensado para mi vida. El Señor quiere una relación íntima, nos quiere liberar del pecado.

En conclusión, una relación superficial con Dios nos puede llevar a malinterpretar el perdón por medio de la gracia, a pecar de manera deliberada y, por lo tanto, a una separación cada vez mayor de Dios. Cuidemos que nuestra comunión con Dios sea profunda, que sea una experiencia individual. Al final, la persona que ha experimentado verdaderamente el perdón por gracia dejará de pecar por amor y gratitud a aquel que lo dejó todo por salvarnos.

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