Pandemia y búsqueda de Dios
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Pandemia y búsqueda de Dios: volver a la zona de confort

    Han pasado aproximadamente siete meses desde que el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, anunciara el primer caso de COVID-19 en Guatemala: «Declaro que en este momento es oficial la entrada del coronavirus en Guatemala. Tenemos el primer caso».[1] Esta noticia se propagó por todo el territorio de la República infundiendo miedo, incertidumbre, ansiedad, duda y estrés en la población. Ya que nadie sabía con seguridad la serie de cambios, acciones y medidas que se tomarían para sobrellevar esta crisis.

    Las medidas

    Las fronteras del país se cerraron, los derechos de movilidad para los ciudadanos guatemaltecos fueron restringidos, el uso de gel, mascarilla y lavado de manos se tornó obligatorio. Cada semana se esperaba una cadena nacional para conocer las nuevas disipaciones presidenciales mientras se veía el aumento de casos en el país. Independiente de la religión de las personas, las reuniones religiosas, por ejemplo, fueron prohibidas, los supermercados se abarrotaron y las sirenas de la policía tenían eco para anunciar el toque de queda.

    A raíz de estos sucesos, los sentimientos negativos afloraron, movilizando a las personas a buscar seguridad, confianza y paz. Esto motivó a las personas a realizar nuevas prácticas que los llevará a sentirse confiados, seguros y volver a su zona de confort. Algunos cristianos, por ejemplo, se refugiaron en la oración, la lectura de la Biblia, en las predicaciones y reflexiones en línea. Otras personas utilizaron métodos personales adecuados donde se sintieran confiados y seguros; evidentemente la gente hizo una y mil cosas para alejarse de la crisis mundial y guatemalteca. Esto hace pensar que en los primeros días y meses de la llegada del COVID-19 se generaron grandes momentos de zozobra e inseguridad, para muchos individuos motivó a una búsqueda de Dios más evidente como resultado de la crisis.

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    Los resultados

    A la luz de esto surgen algunas preguntas para reflexionar. La primera concerniente a los efectos: ¿qué ha cambiado hasta hoy? Luego de siete meses de no poder realizar los quehaceres, más que solo salir a comprar alimentos, se puede decir con alegría que el miedo, incertidumbre, ansiedad, duda y estrés que generaba la crisis del COVID-19 han ido desapareciendo. Los espacios como los restaurantes, hoteles, lugares de recreación, centros comerciales, templos y los viajes se han ido dando poco a poco.

    La segunda, sobre la nueva realidad: ¿Las personas se están adaptando? El uso de la mascarilla, gel, lavado de manos, toma de temperatura y distanciamiento de 1.5 mts. entre las personas ha pasado a ser parte de la vida diaria. Esto parece revelador, porque señala la posibilidad del hombre para adaptarse a nuevas realidades.

    Tercero, sobre la espiritualidad: ¿la búsqueda de Dios es igual al de los primeros días de la crisis? Bajo esta pregunta nace la razón de este escrito, pues bajo esta idea se pretenden algunas reflexiones para este tiempo. Desde el momento en que las cosas están volviendo a la normalidad, las personas vuelven a sus quehaceres y estos les transmite felicidad; cuando los beneficios como: salir de casa, viajar, comer en restaurantes, visitas de amigos, familiares y las reuniones religiosas regresan, evidencia que, con el regreso de cada una de estas actividades las personas encuentren una nueva zona de confort, que se define aquí como:

    Un espacio personal compuesto de estrategias y actitudes que utilizamos a menudo y con las que nos sentimos confortables, instalándose en nuestra manera de actuar porque nos sentimos seguros. Es una zona que sólo abarca lo conocido, ese ambiente donde estamos a gusto y nos hace sentir seguros porque todo está bajo nuestro control.[2]

    Conclusión

    Entonces, al final de siete meses de esta crisis en Guatemala y muchos meses más en el mundo, indudablemente las personas están encontrando nuevamente las estrategias y actitudes que los hacen sentir confortables. La sensación de tener las cosas bajo control y sentirse seguros de nuevo va tomando mayor formalidad. A estas alturas, esta crisis es algo ya conocido, se sabe sus efectos, se conocen muchos resultados y las personas saben qué hacer para enfrentar este tiempo. Esto es algo grandioso porque la salud mental de las personas repercute en la confianza y la capacidad de adaptarse a una nueva normalidad.

    Sin embargo, este estado confortable puede llevar nuevamente a las personas a alejarse de Dios, es decir, que la búsqueda de Dios puede menguar al transcurrir los meses. Por eso, la invitación es para recordar que no solo en los momentos de miedo, incertidumbre, ansiedad, duda y estrés la humanidad busque a Dios. Cada persona debe reconocer a Dios en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia, estar consciente de que no solo en los momentos difíciles se busca al Señor, sino también luego de atravesar estas situaciones para no ceder al olvido de Dios.

    Por eso, es importante tener en la mente y en el corazón que en momentos de adversidad y en momentos de abundancia es eminente la búsqueda de Dios, como dice el salmista «Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios» (Salmos 103:2).


    [1] (Prensa libre 2020).

    [2] Kobato, I. (2019). ¿Qué es la zona de confort? https://www.psicoadapta.es/blog/que-es-la-zona-de-confort/#:~:text=En%20psicolog%C3%ADa%20la%20zona%20de,con%20el%20%E2%80%9Cpiloto%20autom%C3%A1tico%E2%80%9D. (octubre, 2020).

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