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La desesperanza necesita un respiro

    La situación actual bombardea al ser humano con trágicas noticias de corrupción, asesinatos y muertes, hogares rotos por divorcios, maltratos entre cónyuges, padres matando a hijos, secuestros, violaciones, escasez de trabajo y aumento de pobreza… ¿Qué ocurrió con el paraíso? ¿Fue real el mundo sin dolor? ¿Será real? Como bien señala Metz, “aquello que hoy inmediatamente impresiona al hombre cuando mira su mundo no es los vestigia Dei sino los vestigia hominis”,[1] lo que nos muestra que la mano del hombre está opacando las maravillas de Dios. Con todo este panorama alrededor, pensar en el mañana como consuelo, o que las cosas mejorarán, es una idea cada vez más irreal. La alta estadística de suicidios muestra la desesperada búsqueda del ser humano por escapar de la difícil realidad en la que vive.[2] Dejando sobre la mesa si la esperanza es lo último que se pierde, esta está en extinción. A lo largo de la historia, tanto en la ortodoxia como en la praxis, se ha dado énfasis a dos virtudes teologales: fe y amor, pero poco espacio y reflexión se ha dado a la tercera: esperanza.[3] 

    Las Escrituras, lejos de mostrar la perfección en el mundo, reflejan que Dios obra en las circunstancias cotidianas, llenas de dolor o confusión, para dar un futuro y esperanza a la humanidad (Jer 29:11); sus líneas infunden esperanza a través de las diferentes historias y recuerdan de la existencia de un Dios todopoderoso que libra del mal al depositar la confianza en él (leer la historia de Nm. 21:8-9).[4] Jesucristo mismo cuando estuvo en la tierra advirtió a la humanidad con estas palabras: “En el mundo tendréis aflicción, pero tranquilos que yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). Hay esperanza para el futuro, y esta radica en Cristo. Sin embargo, en el ámbito cristiano la estadística de suicidios también está en aumento.[5] 

    Para Mondin, Jürgen Moltmann, en su célebre obra Teología de la esperanza (1964), señala que la labor de la teología no es primeramente la de obtener una comprensión de la fe (fides quaerens intellectum), sino obtener una comprensión de la esperanza (spes quarens intellectum).[6]

    ¿Qué es la esperanza? Etimológicamente la palabra “esperanza” viene de “respirar”, de ahí que su ausencia genere la sensación de ahogo.[7] Para los griegos la esperanza no era una virtud, sino un elemento que altera el alma. Su concepción cíclica de la vida y el fatalismo del destino apuntan más bien a la ataraxia como virtud.[8] Esta invita a liberarse de los temores y a enfocarse en los placeres que alejan al hombre del dolor.[9] Una ideología utópica y apática a la realidad, pero que busca mantener la resignación al devenir de la vida. La esperanza, por otro lado, surge en medio del dolor e inspira al cambio rechazando así la resignación o conformación de los acontecimientos. La esperanza es una dimensión psíquica tenaz que resiste contra toda agresión, incluso la muerte.

    Descartando, como cristianos, el “seréis como dioses” de Nietzsche, e insatisfechos con un futuro de sociedad sin clases —como el que proclama Bloch— porque no atiende a las aspiraciones personales, ¿qué otro objetivo final puede dar sustento a la esperanza, a este impulso humano que tiende siempre hacia delante? Para entrever con más claridad el sentido último de la esperanza solo podemos remitirnos a la fe y prestar atención a la palabra de Dios. Con ello abandonamos el terreno de la filosofía para entrar en el de la teología. La esperanza recuerda la perfección original e impulsa a luchar y no perder de vista la perfección en el futuro, uniendo así la creación y el paraíso con la segunda venida. De ahí la vinculación de la esperanza con la escatología, pero sin perder de vista el punto de inicio, para poder materializarse en el presente y sustentar la vida. El pasado con el futuro dando esperanza en el presente.

    Mondini lo define así: “El hombre por su constitución natural y esencial es un ser que espera: La esperanza es el lazo fuerte que une su presente imperfecto con el futuro de su ser acabado y perfecto”.[10] 

    Valiéndose del principio de la esperanza, el católico E. Schillebeckx propone un nuevo modelo de teología basado en el pensamiento moderno y aboga por una revisión global de la teología fundamental, de la hermenéutica, la liturgia, la eclesiología… Esta nueva corriente fue acogida en América Latina por R. Alves y G. Gutiérrez, los cuales buscan salvar los extremos opuestos entre la escatología puramente inmanentista y la puramente trascendental, y proponen una esperanza cristiana encarnada en la historia, una esperanza que sea profundamente humana. Sin embargo, estos intentos, por su radicalidad, han sido desdeñados, pero dejan avenidas abiertas para nuevos intentos teológicos de acercar esta virtud de Dios al hombre en su día a día a pesar del mal y de los vestigis hominis que nos rodean.

    La esperanza, podría decirse, es una antítesis a la razón, de ahí la poca cabida en nuestra reflexión. Pero la desesperanza del mundo clama por un entendimiento de esta, que nos permita hacer un alto, respirar y ver con ilusión y posibilidades el mañana como una nueva vida que se gesta en un vientre, esperanza.


    [1]  Battista Mondin, “La teología de la esperanza, hoy”, https://seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/ vol24/95/095_mondin.pdf

    [2]«Suicidio», https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide.

    [3] La denominación “virtudes teologales” no se encuentra en la Escritura; es muy posterior y es fruto de la reflexión teológica, basándose en pasajes como 1 Co 13:13 y 1 Ts 1:3. Estas caracterizan algo que es propio de Dios mismo. Alain-Marie de Lassus, Las virtudes teologales: Fe, esperanza y caridad (Palabra, 2015).

    [4] Este pasaje habla sobre la alta mortandad por una plaga y cómo la obediencia a los mandatos de Dios salva vidas.  

    [5] “Otro joven pastor que abogaba por la salud mental muere por suicidio”, https://www.latimes.com/espanol/https:/www.latimes.com/california/articulo/2019-09-12/california-mega-iglesia-pastor-suicidio-sanidad-mental.

    [6] Mondin, “La teología de la esperanza, hoy”. 

    [7] Pablo Alberto Deiros, Diccionario hispanoamericano de la misión (Argentina: COMIBAM Internacional, 1997), 164.

    [8] Carlos Goñi, Breve historia de la filosofía (Madrid: Palabra, 2010).

    [9] José Manuel Tarrío, Historia de la filosofía 2o bachillerato (2020) (Editex, 2020), 62.

    [10] Mondin, “La teología de la esperanza, hoy”.

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